Hoy, os queremos hablar de los falsos mitos que rodean al plástico. Se dicen muchas cosas falsas alrededor del plástico y, por ello, hemos decidido aclarar algunos conceptos.

1 – El problema del plástico es únicamente un problema de residuo

El problema del plástico va mucho más allá del tema de qué hacer con estos residuos. Nuestros residuos plásticos tienen consecuencias funestas y un impacto brutal sobre el bienestar animal. Millones de animales mueren cada año, con una muerte lenta y agónica, al ingerir plástico o al quedarse atrapados en sus restos. Además, los aditivos químicos que llevan los plásticos, así como el problema que suponen los micro-plásticos, se han convertido en una verdadera bomba tóxica porque ya han entrado en nuestra cadena alimenticia y nos están envenenando poco a poco. Así que, no, el problema del plástico no es solo un problema de gestión de residuos.

2 – Los océanos se pueden limpiar

Cada cierto tiempo, vemos nuevos proyectos, cada cuál más original y llamativo, para llevar a cabo la limpieza de mares y océanos. La mayoría de estos proyectos consisten en filtrar la superficie marina y recoger los objetos plásticos, más o menos grandes, que se encuentren flotando. No obstante, aunque se pudiera “barrer” hasta el último rincón de todos los mares y océanos, estos proyectos solo recogerían una ínfima parte de los plásticos que ya existen, o que acabarán en los océanos, ya que no resuelven el problema de los micro plásticos o de los plásticos presentes en los fondos marinos. Además, estos proyectos están, a menudo, financiados por la industria del plástico para lavar su imagen, mientras siguen promoviendo y justificando el uso abusivo del plástico de usar y tirar.

3 – El plástico se puede reciclar

Quizás éste sea el falso mito más grande que tengamos que desmontar. Lo primero que debemos aclarar es que reciclar no consiste en dar un segundo uso a un producto. Sino que ese producto entre en un ciclo cerrado de uso y re-uso continuo como ocurre con el vidrio o el metal. Además, de cada 10 objetos de plástico que tiramos al contenedor amarillo solo 1 es reciclado. Los otros 9 acaban en vertederos, exportados a países como China o India, o incinerados, en lo que eufemísticamente llaman generación de energía. Además, por razones técnicas y económicas, el plástico es muy caro y complicado de reciclar de verdad, y salvo algunas excepciones, lo mejor que le puede pasar al plástico que ponemos en un contenedor es que sea convertido en otros objetos no reciclables (lo que se llama downcycling), plásticos mezclados de inferior calidad, textiles… Es decir, que sólo estamos retrasando su llegada al basurero. El, mal llamado, reciclaje no funciona y, por ello, la única solución a la contaminación plástica es no generar estos residuos.

4 – Los plásticos que encontramos en la playa son restos del picnic del día anterior

Muchas personas piensan que los residuos plásticos que encontramos en las playas están allí porque el día anterior alguien se vino de picnic y se fue sin recoger su basura. Pero no es así. La gran mayoría de los residuos que encontramos en las playas vienen del mar. Y a su vez, la gran mayoría de los residuos que encontramos en el mar provienen de tierra, desde los ríos, a través del viento, o tirados directamente al mar por autoridades que gestionan mal los residuos. Sí, es nuestra responsabilidad llevarnos nuestra basura cuando nos vamos de la playa pero, para evitar ensuciar las playas, lo mejor es reducir nuestro consumo diario de plástico.

5- El plástico que no está fabricado de petróleo es plástico bueno

El hecho de que un plástico no esté fabricado con petroleo sino a partir de patatas, arroz, maíz o algas no significa que sea un plástico bueno. Al fin y al cabo, el petróleo no deja de ser algo que ha hecho la naturaleza con los restos de plantas y animales. Que la base de los mal llamados bio-plásticos sean plantas no evita que éstos estén llenos de aditivos peligrosos para la naturaleza y la salud humana. Además, lo que hace que un plástico sea bueno o malo, no es la materia prima de la que se compone, sino, sobre todo, el uso que hacemos de él. El problema es dar un solo y efímero uso a un producto perenne e indestructible. Sumado a todo eso, no olvidemos que usar alimentos (o sus derivados) para sustituir al petróleo, a la hora de fabricar plástico de usar y tirar, podría crear una crisis alimentaria mundial y un uso escandaloso de tierras de cultivo que destruiría hábitats naturales. ¡Usemos los alimentos para saciar el hambre, no para plastificar La Tierra!