Todas las personas buscamos el bienestar, disfrutar de una vida saludable, cubrir nuestras necesidades básicas… “y que nos sobre algo para algún caprichito”.

La sociedad nos dice que el bienestar se encuentra en la comodidad, y nos rodea de productos que nos “facilitan la vida”: electrodomésticos, aparatos electrónicos, vehículos, etc. También, nos asegura que nuestras necesidades cambian a ritmo de la última moda.

Así no es posible

Este modelo de consumo no es sostenible ni aplicable al conjunto de los habitantes de la tierra. El 12% de la población (la que corresponde a Norte América y Europa) es responsable del 60% del consumo mundial. Si todos los habitantes del planeta vivieran como los europeos, se necesitaría el equivalente de 3 planetas para producir lo que consumen y “digerir” lo que tiran.

Todas tenemos derecho al bienestar y a cubrir nuestras necesidades básicas, sin embargo, sólo tenemos un planeta y sus recursos son limitados.

Por lo tanto, para que todas tengamos acceso a este bienestar, es imprescindible adoptar hábitos responsables de consumo. Una de las claves, para conseguir este cambio, es consumir lo necesario y hacer de la compra un acto pensado y reflexionado.

Nuestra propuesta

Desde Sinplástico nos parece interesante compartir con vosotras cuatro preguntas que nos deberíamos hacer antes de comprar, para convertirnos en compradoras responsables:

  • ¿De verdad lo necesito?

En este primer paso se trata sobre todo de intentar reflexionar en lo que realmente necesitamos para poder comprar en función de nuestras necesidades reales. Las grandes marcas son especialistas en crear necesidades artificiales a través de la publicidad y de la moda en general.

  • ¿Cuántos residuos genera este producto? ¿Existe otra opción menos contaminante?

También es necesario pararnos a pensar cuántos residuos genera aquello que consumimos, cuánta energía consume su producción, si es un producto reutilizable, retornable, biodegradable o, al menos, 100% reciclable. Muchas veces podemos encontrar con facilidad una opción menos envasada y que genere menor impacto ambiental.

  • ¿Cuánto tiempo me va a durar este producto? ¿Puedo encontrar una opción más duradera?

Se ha quitado el valor a las cosas que duran. Producimos demasiados residuos y nuestro planeta no puede aguantar la cultura del usar y tirar. Comprar productos duraderos, de calidad, preservarlos y cuidarlos es clave para reducir nuestra huella ecológica.

  • ¿A quién le estoy comprando? y ¿qué compro realmente?

Por último, una compra responsable tiene que pasar por saber lo que compramos. El origen, la composición y el tipo de modelo de negocio que se beneficia de su venta es lo que da a un producto su valor social y ecológico.

El cambio es posible, con pequeños pasos convertirse en comprador responsable es fácil y mejora nuestra calidad de vida. ¡Anímate y pruébalo!