Este post forma parte de la nueva serie “Hogares reales sin plástico”, en la que te mostramos cómo personas normales, como tú y como nosotras, reducen su uso de plástico. Y lo hacemos mostrando sus logros, sus fallos, sus esfuerzos y sus aprendizajes sin juicios y con muchas ganas de aprender.

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Si piensas que la vida sin plástico es solo para parejas que viven en la ciudad, te encantará conocer la historia de Mònica, Andreas y sus tres hijos: Miquel (9), Guillem (6) y Júlia (3).

Esta familia vive en un pueblo de 3.000 habitantes de la provincia de Barcelona en una casa de pueblo dividida en dos que comparten con el padre y la madre de Mònica: Miquel y Mª Dolors. Hoy nos cuentan cómo es reducir el plástico siendo una familia numerosa fuera de la ciudad.

 

Hola, Mònica. Lo primero, muchas gracias por dejarnos conocer vuestra historia. ¿Cómo empezó todo?, ¿cuándo decidisteis evitar el plástico?

Pues empezamos casi sin querer, y solo hace un año y tres meses tomamos la decisión consciente. Pero ya llevábamos abonando el terreno durante años.

En la crisis económica nos fuimos a Suiza porque mi marido es de allí. Y en Suiza, la basura se paga. Si tú llevas tu basura reciclable separada al punto de recogida, te la recogen sin cobro pero son súper estrictos: el papel va con el papel, el cartón con el cartón, el vidrio por colores. Todo lo que no es reciclable lo pagas a 1,30 la bolsa. Así que reciclas todo. En suiza no es que sean más cívicos es que les cobran más por ser incívicos.

Por eso, cuando nació la niña pensamos que entre el precio de los pañales allí y el precio de tirar una bolsa al día… no nos salía a cuenta usar pañales desechables. De modo que compré pañales de tela y la más feliz del mundo: nunca más culito rojo, me salía súper económico… Así que cuando volvimos ya teníamos esa mentalidad del reciclaje, de usar pañales de tela… Hasta que el ayuntamiento decidió hacer el puerta a puerta.

Antes de eso estábamos muy tranquilos porque nosotros reciclábamos todo. Pero oye, cuando delante de tu puerta está todo lo que reciclas… flipas.

 

¿Fue entonces cuando os disteis cuenta de que debías reducir vuestros residuos y no solo reciclarlos?

Sí, para nosotros fue un cambio. El puerta a puerta se implantó en noviembre y el 1 de enero mi hijo Miquel y yo decidimos que no podíamos seguir así.

Así que decidimos atacar lo que más abultaba en el cubo. Abrimos la bolsa de la basura y había muchísimas botellas de leche fresca de litro y medio, garrafas de agua porque aquí el agua sabe muy mal, cápsulas de café y botes de yogur. Y por ahí empezamos.

A partir de ahí descubrimos dónde comprar garrafas de agua de vidrio y vimos que en la misma tienda tenían harina a granel, arroz, pasta… y poco a poco te vas haciendo una nueva red de suministro donde te das cuenta que puedes comprar un montón de cosas sin plástico. Nuestra intención no era dejar de ir al súper pero ahora no vamos. Cuando nos dimos cuenta ya habíamos dejado de ir. Fue bastante impresionante.

 

¿Qué es lo que más satisfación os ha dado a la hora de eliminar el plástico?

Pues mira, yo siempre había querido alimentar bien a mis hijos. Y ellos lo veían como una excepción: “ahora mamá ha comprado galletas de herboristería” o “ahora nos pone arroz integral”… Pero el hecho de cortar con todo lo que era envasado nos ha llevado a comer mejor, a vivir más sano y a tener menos tóxicos en casa. O sea, lo que yo había querido hacer con anterioridad por otras vías no lo conseguí hasta que no dejamos de comprar envasados.

 

Que también tiene que ver con un consumo más consciente, ¿sentís que ese también ha sido un cambio?

Claro, yo voy una vez por semana a la compra y compro como 10 galletas grandes, tipo cookies. Y cuando se terminan nadie pretende que haya más. Antes iba al súper y patatas de bolsa, galletas, cereales… compraba todas las semanas. En cambio, ahora vamos al granel a Vic cada 15 días y ellos saben que cuando se terminan los cereales… hay pan.

Y a veces mi hijo me dice: “mañana es martes y en la panadería hacen magdalenas y las dejan a la venta antes de embolsarlas así que me levantaré antes a buscar para el desayuno”. Pues muy bien. No me importa que mi hijo compre magdalenas una vez a la semana en el comercio local en vez de comprar una bolsa de plástico gigante de 40 magdalenas que te pasas comiendo dos semanas.

Y quizá esto es lo que más nos ha llenado. Que iniciamos el cambio como una cuestión técnica de querer reducir nuestros residuos pero nos ha llevado a un cambio de vida. Y eso es lo más bonito.

 

Hablas de consumir local, ¿os ha ayudado a reducir el plástico?

Completamente. Antes íbamos al supermercado y cuando fui con mis tuppers me metieron un rollo de que no podían aceptarlos que me dejaron a cuadros porque yo no pensaba dejar de ir al súper. Pero fui al comercio local y nadie me puso ninguna pega.

Además, antes yo me iba al súper y dejaba a los niños con mi madre. Ahora, vamos andando por nuestro pueblo con todo preparado de casa, vamos a las tiendas donde nos conocen, nos interesamos por nuestros comerciantes, ellos nos cuentan qué hay de nuevo y eso tiene un valor social.

 

¿Hay algún plástico que se os resista?

Nosotros consumimos unos 14-16 litros de leche a la semana porque también hacemos yogures. Todo lo compramos en botella de cristal a un ganadero de aquí, salvo unos 5 litros a la semana que compramos a la pastelería del pueblo los martes en garrafa de plástico. Cuando se acaba, la abrimos por arriba y nos sirve de cubo de reciclaje para el papel.

 

Hay muchas personas que creen que es complicado evitar el plástico siendo familia numerosa o viviendo en un pueblo, ¿qué les diríais?

Que el pueblo te da mil opciones y reactivas un consumo distinto, de proximidad. Y ahora en el confinamiento lo ves. Las tiendas locales son las que están abasteciendo al pueblo. Aquí el supermercado grande ya tiene el reparto a domicilio lleno hasta el uno de abril (Nota de Sinplástico: la entrevista se hizo en la primera semana de confinamiento debido a la pandemia por coronavirus). En cambio el Jordi de la tienda está repartiendo a diario para gente mayor y enfermos.

Alimentar a Amazon y Zara y grandes empresas no nos va a solucionar nada. El comercio local es una pasada y muchos son comercios familiares a los que ya se había ido con el tupper a comprar.

Hay gente que dice que es muy caro. Sí, es más caro pero la calidad también es otra. Y además, yo te tengo que decir que ahorro mucho dinero. Yo gastaba unos 175 euros a la semana yendo a supermercados baratos y ahora, en alimentación y limpieza comprando sin plástico me gasto unos 140 euros.

 

¿Y de dónde crees que surge ese ahorro?

Está claro. No compras nada que no necesitas. En lugar de tirar tu dinero en porquerías. Por ejemplo, por más económico que sea un yogur marca blanca de frutas desnatado con muesli… no hay nada más barato que hacerte tu yogur en casa.

 

¿Has visto un cambio en la concienciación en el pueblo desde que llegasteis?

Sí. Hace tres años cuando llevaba mi bolsa a comprar se extrañaban pero ahora encuentro la tira de gente comprando así. Eso alegra un montón. Y sientes que has plantado una semillita.

Hay una anécdota muy buena de una vecina del pueblo que, al verme con bolsas tipo red, pensaba que llevaba las bolsas de lavado delicado al súper. ¡Y luego ella se fue con sus bolsitas de lavado delicado a comprar! ¡Es muy buena! Ahí me sentí activista sin querer.

 

¿Cómo involucras a tus hijos y tu hija en la vida sin plástico?, ¿cuál es tu secreto?

Involucrar a los niños es muy fácil, son como esponjas. Si tú te sientas delante de ellos y dices: “me preocupa la tierra, cada vez va a llover más, cada vez va a ser más seco el verano”… Yo eso lo hice con el mayor. Y decirles: “podemos hacer cosas, ¿qué hacemos?”.

Mi hijo mayor se apuntó rápidamente, tiene un punto de cruzado, así que me enganché al que sabía que me iba a seguir más y él decía a los demás: “tranquilos, mamá y yo nos encargamos”. Luego los pequeños se engancharon enseguida.

 

¿Y cómo estáis llevando el confinamiento sin plástico?

La verdura sigue igual, en vez de ir a la cooperativa a buscarla, nos la trae Armand con la mascarilla a casa. Arroz, pasta, papel higiénico sin plástico… esas cosas que comprábamos en la cooperativa no las podemos comprar ahora. Así que racionamos el papel higiénico para hacer aguas mayores y para el pipí utilizamos toallitas reutilizables de tela que luego lavamos. Además existe el bidé.

Para la compra local ahora los comerciantes nos han pedido que llamemos por teléfono y hagamos el pedido para evitar aglomeraciones así que nos dan el pedido desde la puerta con lo que tienen. Ellos saben que a nosotros no nos va el plástico así que nos lo empapelan, salvo el grano cocido que nos los dan en bolsas de plástico.

Y no nos vamos a poner tontos porque están haciendo un súper trabajo y bueno, produciremos un poco más de plástico estos días.

 

¿Qué consejo le darías para que empezara a reducir el plástico?

Empieza por algo muy concreto, por lo que más volumen de residuos de plástico hay en tu basura porque te animas muy rápido. Y luego ya vas con los ojos abiertos y te das cuenta de que hay más opciones. Pero poco a poco.

Muchas gracias Mònica y familia, ha sido un placer charlar con vosotras.

Si a ti también te ha gustado, nos encantaría saber qué opinas (de manera respetuosa y sin juicios) en comentarios. ¿Te ha inspirado este post?, ¿te ha dado alguna idea?, ¿quieres hacer alguna reflexión? ¡No te cortes!

P.D: ¿Te gustaría participar contándonos cómo reduces el plástico en tu hogar? Buscamos hogares de todo tipo: unipersonales, homoparentales, monoparentales, numerosos, en el pueblo, en la ciudad, compañeros y compañeras de piso, personas mayores… ¡incluso nómadas!

Queremos contar tu historia, así que si te interesa participar, envíanos un correo a info@sinplastico.com con el asunto “Hogares sin plástico” y nos pondremos en contacto contigo.