Lo primero de todo es felicitaros el nuevo año. 2015 viene cargado de retos y desde Sinplástico queremos animaros a seguir dando pasos que reduzcan nuestra dependencia del plástico de usar y tirar.

Para empezar el año de manera optimista os queremos traer como ejemplo positivo y estimulante la historia de Beth Terry.

Beth vive en Oakland -California- y lleva desde 2007 denunciando el problema que conlleva el uso indiscriminado del plástico, informando sobre posibles alternativas, y animando, con charlas y campañas de concienciación, a dar pasos para reducir el uso del plástico.

Beth Terry activista

Todo empezó en Junio de 2007, mientras se recuperaba de una operación, al leer un artículo titulado “Our oceans are turning into plastic…Are we?” (“Nuestros océanos se están transformando en plástico… ¿También nosotros?”). Junto al texto había una foto que mostraba el esqueleto de un pájaro muerto en una playa y en el que se veían restos de plástico que el ave había ingerido confundiéndolo por comida.

El impacto de ver que entre los restos de plástico había objetos tan cotidianos como tapones de botella, encendedores, o cepillos de dientes le llevó a la conclusión de que nuestros actos consumistas diarios afectan a criaturas que incluso no sabemos que existen.

Y esa misma semana se comprometió a no consumir más plástico y a contar sus avances en un blog, http://myplasticfreelife.com donde cuenta su día a día en esta lucha y nos ofrece consejos, alternativas e ideas para reflexionar.

Beth sostiene que el cambio de vida de una sóla persona puede marcar la diferencia y nuestros cambios personales, por pequeños que sean, importan. Y nos alenta a dejar de consumir plástico con estas ocho razones:

  1. Detener el daño que hacemos a otros seres vivos: nuestra basura mata millones de animales y contamina el medio ambiente.

  2. Proteger nuestra salud y la de nuestra familia: los plásticos contienen aditivos (ftalatos, bisfenoles o dioxinas) muy dañinos para la salud.

  3. Apoyar la creación de negocios éticos: las búsqueda de alternativas al plástico favorece la creación de empresas con conciencia medioambiental.

  4. Desarrollar nuestro ingenio y autoconfianza: crea tus propias alternativas sin plástico (dentífricos, cremas, comidas), repara tus cosas, presta tus objetos, comparte tus ideas, usa la imaginación.

  5. Examinar nuestros valores: preguntémonos qué es verdaderamente importante y realmente necesario.

  6. Exigir lo que queremos: pide a las marcas que usas y a las empresas con las que trabajas que reduzcan su uso de plástico.

  7. Motivar para trabajar por un cambio sistemático y global: promueve iniciativas y leyes para que los gobiernos se impliquen en un cambio de sistema.

  8. Ser un ejemplo para otros: cada vez que haces un gesto como ir a la compra con bolsas de algodón motivas a otra persona a seguir tu ejemplo.

Y como conclusión, Beth nos asegura que tenemos el poder de cambiar el mundo consumiendo sólo lo que necesitamos, no lo que otros nos dicen que necesitamos.

No es sólo cuestión de rechazar el plástico, sino de tomar conciencia de cómo vivimos para cambiar nuestros hábitos porque, como ella señala, “…lo que realmente apreciamos, amamos y disfrutamos no viene en una bolsa de plástico”.