Este post forma parte de la serie “Hogares reales sin plástico”, en la que te mostramos cómo personas normales, como tú y como nosotras, reducen su uso de plástico. Y lo hacemos mostrando sus logros, sus fallos, sus esfuerzos y sus aprendizajes sin juicios y con muchas ganas de aprender.

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David es ingeniero informático y vive con su mujer, Raquel, y su hijo de 13 años, Arey, en Mallorca.

En esta entrevista nos habla de los retos de vivir sin plástico en una isla, de la transición de una vida ecologista a una plasticariana y de lo motivante que puede ser comenzar a dejar el plástico.

 

¿Cómo empezásteis a vivir sin plástico?

Hace dos veranos mi cuñada me regaló el libro “Vivir sin plástico”. Empecé a leerlo y me di cuenta de que, aunque reciclábamos y comprábamos productos ecológicos, consumíamos mucho plástico.

Así que después de leerlo decidimos empezar a buscar alternativas y a probar.

Primero, compramos la fruta y la verdura en un mercado de productores locales y con bolsas de tela.

Después, ya pasamos de comprar productos envasados en plástico a comprar en cristal y tomamos la decisión en familia de dejar de consumir ciertos productos que consideramos que no necesitábamos.

Luego ya pasamos a la limpieza personal, empezamos a comprar todo en champú y jabón en pastillas… Ahora hasta yo me afeito con brocha, que mi padre está alucinando… Y te das cuenta de que conforme vas avanzando, el cubo de plástico se va reduciendo. Ya solo tiramos el cubo cada tres semanas.

 

Vivís en una isla donde las personas suelen comprar agua embotellada… ¿cómo habéis solucionado este problema?

El agua de Mallorca es potable pero no tiene buen sabor, así que filtramos el agua con un filtro de carbón activo binchotan. Y cada día, como religión, nos levantamos y ponemos cuatro botellas de litro con el binchotan dentro y luego tenemos una garrafa para volcarla… Implica un esfuerzo pero cuando lo incorporas en tu rutina no es tan complicado.

Eso sí, también hemos encontrado una alternativa para cuando no tenemos tiempo, un lugar que nos vende bebidas a granel y también tienen agua. Son botellas de cristal retornables y también tienen productos de productores locales: refrescos locales, limonadas, vinos…

 

Algunas personas piensan que comprar sin plástico es más caro, ¿cómo ha sido vuestra experiencia?

Nosotros creemos que gastamos ahora menos que antes.

Con la alimentación, por ejemplo: algo que hemos incorporado es que solo compramos los alimentos que vamos a usar en esa semana.

Los fines de semana hacemos la lista de las comidas que tomaremos durante la semana y el sábado compramos solo lo que vamos a consumir.

Así que ahorras, no desperdicias y durante la semana no tienes ni qué pensar en qué comer.

Y además si compras algo más caro de lo normal, yo que sé, una pasta de dientes, lo compensas con otras cosas. Y también dejas de utilizar ciertos productos como suavizantes de lavadora.

 

Hablemos de vuestro hijo, que ahora tiene 13 años, ¿cómo ha vivido este cambio?

Desde que Arey nació siempre hemos tenido una conciencia ecológica.

Comprábamos productos ecológicos de calidad pero no nos dábamos cuenta de que estábamos usando tanto plástico.

El cambio fue abrir los ojos un poco más. Sé que no somos perfectos pero hemos reducido bastante nuestra huella de basura y eso es gratificante.

Pero bueno, desde que tiene conciencia Arey lleva el bocata en tela, de hecho hacemos nuestras propias telas protegidas con cera de abeja. O también hacemos panecillos en casa y él se ha llevado su bocata siempre así.

También le decimos que eso no significa que comer en una cadena de comida rápida sea un pecado, que si le invitan pues vas y comes y no pones mala cara. Que hay que ser consciente de que no todo el mundo piensa igual que tú.

De todos modos, en familia hemos decidido que algunas cosas, aunque nos gusten, no las vamos a comprar si están en plástico. Y él lo ha llevado muy bien.

De hecho, él siempre tomaba un cacao instantáneo específico y, como no lo hemos encontrado a granel, ha decidido tomar la leche sola porque dice que para comprar algo en plástico y solo para él, pues que no le importa dejar de tomarlo.

O a veces vas a comprar algo que nos gusta mucho y comentas: “Igual podríamos reducir esto…” y también le parece bien.

O buscamos alternativas. Pues en vez de una bolsa de quicos compramos frutos secos… Y que tampoco es que seamos 100% estrictos, que a veces te apetece una bolsa de patatillas y las compras.

 

¿Qué le recomendarías a las personas que leyéndote quizá se animan a reducir su plástico?

Tres cosas:

  1. Lo primero, que se pongan objetivos diarios o semanales: pues esta semana voy a conseguir una pastilla de jabón que me venga bien, pues esta semana voy a ver si encuentro un sitio en el que me vendan cerveza a granel, pues esta semana voy a ver si encuentro cómo lavarme los dientes sin usar plástico...
  2. Lo segundo, que se motiven con el cubo de basura: porque es una motivación ver cómo el plástico va disminuyendo. Primero verás que pasa un día, luego dos, luego cuatro, luego una semana, luego dos semanas, y luego tres semanas sin tirar plástico…
  3. Y lo tercero, que se fijen en el ahorro de dinero, que en conjunto es mucho.

Muchas gracias por compartir con nosotras la experiencia de tu familia dejando el plástico, David. Seguro que en unos meses esas tres semanas se convierten en cuatro, y luego en cinco… hasta que el cubo de plástico casi desaparezca.

 

¿Qué te ha parecido la historia de David y su familia?, ¿nos cuentas qué opinas (de manera respetuosa y sin juicios) en comentarios?

 

P.D: ¿Te gustaría participar contándonos cómo reduces el plástico en tu hogar? Buscamos hogares de todo tipo: unipersonales, homoparentales, monoparentales, numerosos, en el pueblo, en la ciudad, compañeros y compañeras de piso, personas mayores… ¡incluso nómadas!

Queremos contar tu historia, así que si te interesa participar, envíanos un correo a info@sinplastico.com con el asunto “Hogares sin plástico” y nos pondremos en contacto contigo.