Este post forma parte de la serie “Hogares reales sin plástico”, en la que te mostramos cómo personas normales, como tú y como nosotras, reducen su uso de plástico. Y lo hacemos mostrando sus logros, sus fallos, sus esfuerzos y sus aprendizajes sin juicios y con muchas ganas de aprender.

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Eirene y Pere es una pareja que vive en el barrio barcelonés de Gràcia y que lleva ya varios años avanzando en el camino hacia una vida residuo cero en la ciudad.

En esta entrevista Eirene nos cuenta cómo comenzaron a reducir el plástico en casa y sus mejores trucos para evitar este material.

 

Cuéntanos, Eirene, ¿quiénes sois y cómo empezasteis a reducir el plástico?

Nosotros somos una pareja (y nuestras plantas) que vivimos en Barcelona. Pere y yo llevamos juntos 11 años, hemos pasado por tres pisos y en cada piso se ha ido reduciendo el consumo de residuos.

El primer piso donde estábamos era un cuarto sin ascensor. Al principio dices: “no pasa nada, ya voy yo con la compra” pero luego llega un momento que prefieres que te la suban. Dijimos “compramos mucho más en volumen, hacemos menos compras pero que nos la suban”. Y ahí empezamos a ver la cantidad de plástico.

Al hacer compras más grandes y subírtelas en bolsas de plástico enormes (que las tenemos aún para guardar los edredones), te das cuenta de la cantidad de envases que se consumen en una compra de mes de dos personas. Y era muy exagerado cuando te ponías a desenvolver cosas: el papel de wc, los rollos de cocina, cuando metías cosas frescas en el frigorífico y quitabas los plásticos y los tenías todos juntos… No sé, de repente es una imagen que te abruma, ¿cómo puede ser que dos personas con cierta conciencia respecto al medio ambiente generen tanta basura de plástico? Fue un choque bastante gordo.

Pero bueno, eres más joven tienes menos recursos y, sobre todo al principio, te da sensación de que todo es mucho más caro cuando es sin plástico. Hasta que te pones a investigar mucho no tienes margen de acción.

Entonces cambiamos de piso, dejamos de hacer compra online, pasamos a comprar en supermercados más cercanos del barrio y ahí ya hay un cambio. Pasas a ser un agente activo y decides si quieres o no esa bolsa. Y lo que hacíamos al principio era coger solo una bolsa, ir metiendo cosas, pesarla y luego sacarlo todo y pegar la pegatina en una de las piezas. Fue el primer paso para dejar el plástico.

También con el miedo ese de: “qué me van a decir en la caja cuando le lleve la fruta sin envolver” me van a decir que igual ha cogido más. Pero luego pensaba que si tú tienes una bolsa con plástico, pesas y luego metes más fruta, has metido más. Es como un miedo infundado, que nos creemos que nos van a decir algo.

Y esto mismo se me reprodujo estas navidades con mis padres. Están muy poco concienciados y yo intento darles caña con esto pero bueno, cada uno tiene su ritmo. La primera vez que fui a la compra con mi madre y vi que cogía una bolsa de plástico para echar fruta me chocó muchísimo porque no forma parte de mi realidad. Le dije: “¿qué haces mamá? Le pones la pegatina y ya está”. No conseguí convencerla, se puso muy nerviosa, primer intento fallido. Luego fui con ella a comprar a una caja de autoservicio para comprar sin bolsa y le dije que no iba a pasar nada. Pero ella se creía que iba a venir alguien de seguridad a llevársela. Fue muy gracioso.

 

¿En qué momento de esa transición decidisteis que teníais que buscar alternativas?

Cuando vivíamos en el cuarto piso era ver la realidad, darse cuenta de que se generaba una cantidad de plástico tremenda pero no tener muy claro qué hacer al respecto. Solo saber que eso te incomoda.

El cambio viene en 2016 cuando a mí me detectan hipotiroidismo autoinmune y eso genera un cambio en muchos sentidos: de alimentación, de hábitos saludables, un cambio en dormir, un cambio en gestión del estrés. Y es verdad que nunca hemos comido mal pero dejar de comer productos y empezar solo a comer comida que ya viene envuelta en su envoltorio natural fue a raíz de eso.

Aunque también viene de una cuestión que siempre ha estado ahí. Me he acordado años después de que, cuando era adolescente, en el pueblo de broma me llamaban Greenpeace, porque era como “qué pesada esta con recoger la basura cuando vamos al campo”. Era una conciencia que he tenido prácticamente innata y siempre me ha preocupado el medio ambiente.

Pero ya de adulta cuando me detectan esta enfermedad y veo cómo tengo que cambiar mi alimentación y dejar de comer productos, sobre todo con el tema del gluten, y que esa sustitución del gluten no sea por productos sin gluten prefabricados, sino que sea un cambio hacia más verdura. Y ahí es cuando deja de tener sentido comprar en el supermercado y pasamos a comprar en el mercado. Ahí cambia todo.

Porque el mercado te permite muchas más licencias en ese sentido, aparte de comprar siempre que podemos alimentación ecológica. No siempre, porque en los supermercados al uso la mayoría de la alimentación ecológica viene envuelta en plástico pero, o bien vamos a supermercados que son ecológicos, supermercados pequeñitos, o bien vamos al mercado.

Y eso hace que cambie todo porque los supermercados ecológicos están haciendo un trabajo bastante bueno a nivel plásticos y la carne, por ejemplo, la compramos con tuppers de cristal. No generamos ni un solo residuo.

Eso ha sido un cambio progresivo y que se puede hacer pero yo entiendo que a veces en ciertas cosas supone un gasto mayor. Pero también hay un cambio de perspectiva porque igual yo he dejado de comprarme mucha ropa y ese dinero lo estoy invirtiendo en comida de mejor calidad: en comida que no viene envuelta, que no tiene pesticidas, que es de proximidad…

 

En vuestro día a día: ¿cómo vivís sin plásticos?

Si voy de la mañana a la noche, por ejemplo en el baño todos los productos que utilizamos son o sólidos o envueltos en bote de cristal.

Utilizamos champús sólidos, que es un reto porque los champús sólidos tienes que ir probando. Es otra manera de utilizar la cosmética y también pues hay que ir acostumbrándose poco a poco. Yo he probado hasta cuatro champús sólidos diferentes hasta que me he quedado con uno que me funciona. ¿Qué he hecho? Cuando veía que no me funcionaba lo utilizaba de pastilla de jabón para el cuerpo porque es un producto suave.

Utilizamos champú sólido, pastilla de jabón sólida… Por ejemplo con el acondicionador yo no me he acostumbrado al sólido hasta que he encontrado una tienda que tiene un acondicionador en bote de cristal.

También con los productos de limpieza y los productos de la cocina empezamos a consumir a granel, creo que más o menos también fue con el momento del cambio con la enfermedad.

Porque vas acumulando y acumulando botes y te da cosa tirarlos porque dices: “esto tan grande seguro que lo puedo utilizar para algo” pero luego te das cuenta de que si no lo rellenas a granel: ¿para qué narices quieres ese bote de suavizante?. Más allá, ¿para qué quieres suavizante?

Es como un continuo camino. Cuando das un paso, los siguientes te van viniendo solos porque te vas haciendo cada vez más preguntas sobre qué es y qué no es necesario. Y te das cuenta de que cada vez necesitas menos cosas de las que te habías pensado y eso es muy guay, es muy chulo.

 

¿Y en el trabajo?, ¿cómo es vuestro día a día sin plástico?

Pues una vez que salimos de casa yo voy a trabajar en bici y Pere va en transporte público. No tenemos coche propio, no lo necesitamos. En el trabajo, yo soy fundadora y directora de una agencia de comunicación sostenible donde intentamos predicar hacia afuera y hacia adentro.

Con el agua, tenemos botellas reutilizables y hay una fuente de agua fría y caliente. A la hora de ir a comer cada una tenemos nuestra servilleta de tela en vez de las de papel, que vienen envueltas en plástico. Intentamos a la hora de la comida tener nuestros platos, nuestros cubiertos y nuestra servilleta de tela reutilizable.

Y con los clientes también es algo que intentamos poner en práctica. Además en nuestras redes sociales comunicamos sostenibilidad. Entonces hablamos de iniciativas, intentamos promover y promocionar a empresas que están haciendo buenas prácticas en torno a la sostenibilidad. Y también ponemos ejemplo con lo que hacemos para que se vea que es posible que una agencia pequeñita de cuatro personas y cinco colaboradoras más, todas estamos alineadas, y no realizamos proyectos que no estén alineados con eso. Intentamos ser coherentes en nuestra vida y nuestro trabajo.

También estamos en un coworking de economía social y solidaria. Hay comisiones de trabajo y nosotras somos de la comisión de sostenibilidad. Entonces intentamos promover dentro del coworking prácticas sostenibles: que haya contenedores de reciclaje, hemos tenido la idea de crear una mesa compartida de cosas que no es necesario que todo el mundo tenga como grabadoras, bolígrafos, cortadoras de papel, carpetitas de plástico, chinchetas, clips… esas cosas que además cada vez están más desuso para que quien las necesite no las compré sino que hacemos un uso compartido de los recursos comunes.

 

Como pareja, ¿ha sido fácil reducir el plástico?, ¿quién tomó la iniciativa?

Es verdad que el liderazgo primero lo he tenido yo porque ha sido como una condición innata en mí el tener conciencia de que el planeta es el que es, solo es uno y si nos lo cargamos pues va a ser peor que la crisis que estamos viviendo ahora, que es algo que puede parecer una frivolidad en el momento en el que estamos pero bueno, hay virus más peligrosos y que pueden acabar con el mundo.

Al principio fui yo pero Pere me sigue bastante con todo lo que propongo. Él también es una persona que se preocupa mucho por los demás y por el medio ambiente y no fue difícil llegar a un acuerdo de ir consumiendo menos plástico.

Pero sí me pidió que, como yo tenía más conocimiento porque conozco millones de marcas de residuo cero, de tiendas online, como Sinplástico (que además me acuerdo que fue la primera en la que que compré porque ha sido de las pioneras). Me pidió que liderara y él me seguía. Ahora es totalmente compartido y mutuo.

 

¿Y hay algún punto de la vida sin plástico en el que hayan surgido discrepancias?

Creo que con la pasta de dientes fue un poco así porque es verdad que la pasta de dientes de bote de cristal o sólida no sabe igual (porque las otras llevan miles de productos). Pere ahora está convencido y encantado pero hemos tenido que ir probando varias hasta dar con ella.

 

¿Qué es lo que os ha costado más en este camino hacia una vida casi residuo cero?

La vida residuo cero es una utopía porque, como dicen los japoneses, cuando algo es perfecto… ahí empieza el caos. Porque eso significaría tener una presión enorme encima para no fallar ni una mijita. Eso no es humano.

Si simplemente todo el mundo estuviera en la línea en la que vamos nosotros ya se notaría un cambio. Justo ahora con todo lo que está pasando se nota que tu acción como individual es súper importante para el colectivo. Pues igual, todo lo que puedas hacer para reducir tus plásticos es súper importante para el colectivo.

Lo que más nos está costando es algunas cosas que vienen envueltas en plástico y que no encontramos sin plástico como la rúcula, la albahaca… ciertas hierbas que hemos intentado plantar a ver si funcionaba y que no hay manera. Nos encantaría tener plantas aromáticas pero de momento eso se nos resiste y no lo hemos conseguido. Y bueno, reducimos el consumo. No consumimos todas las semanas porque es generar plástico sí o sí pero no nos lo hemos quitado del todo porque tampoco puedes fustigarte y decir: “esto tiene que ser perfecto y cero plástico”, que ojalá pudiera ser así pero es muy difícil.

Y algo que nos hemos puesto como objetivo este año es empezar a hacer nuestra propia leche vegetal y dejar los tetrabriks porque no bebemos leche de vaca y creemos que es un propósito que es factible y que poco a poco podemos ir implementando. Comprar la tela que hay para filtrar y poco a poco hacer esas leches que solemos comprar: de avena, de avellanas, de almendra… a ver qué tal.

 

¿Y qué es lo que más disfrutáis o habéis disfrutado en esta reducción del plástico?

Yo creo que lo que más se disfruta es darte cuenta de que necesitas menos cosas, como despojarte de peso: no necesitar comprar galletas, no necesitar comprar cereales… Por ejemplo, el desayuno ha cambiado por completo, es una comida más, solo que más reducida.

También cocinamos muchísimo más y lo disfrutamos mucho. Es como una actividad que ha venido a raíz de reducir residuos. Cocinamos durante el fin de semana y hacemos lo que llaman el “batch cooking”, que al final hay mucho término moderno pero es cocinar para tener. Y eso también yo creo que hace que reduzca plástico porque compras lo necesario. Tienes una lista de lo que vas a consumir durante una semana y puedes planificar mejor para ir a comprar a sitios donde estas cosas no están envueltas en plástico.

Pero yo creo que lo que más se disfruta es sentir cómo te va bajando poco a poco el peso de necesitar cosas.

 

Que por otra parte también supone un ahorro económico…

Sí, sí, pasa también con la menstruación. A mí es un proceso que me está encantando porque claro eso también es un problema cuando quieres reducir plástico, que cada mes generas sí o sí, aunque no quieras, un residuo.

Que apareciera la copa mesntrual fue como mi salvación, que de repente empezaran a aparecer las compresas de tela, los salvaslips de tela o las braguitas mestruales Y ya en ese proceso yo he llegado al punto de estar empezando a estudiar cómo hacer el sangrado libre, que es ser consciente de tu propio cuerpo. Eso sí que es residuo cero cero cero.

 

Y si tuvieras que decirle algo alguien que está empezando con este proceso, ¿qué le dirías?

Paciencia. Creo que es la palabra más necesaria: paciencia y poca exigencia.

Porque cuando empiezas a ser consciente de la crisis climática en la que nos encontramos (porque esto no es un cambio climático, es una crisis climática) puede llegar a agobiarte el sentido de la responsabilidad. De decir: “ostras, yo no estoy haciendo todo lo que podría hacer”. O preguntarte: “¿estoy haciendo todo lo que podría hacer?”. Y nunca vas a estar haciendo absolutamente todo lo que podrías hacer pero tienes que ir poco a poco hacia ese camino.

Entonces creo que el paso más sencillo es dejar de utilizar bolsas de plástico, que es muy fácil porque tote bags tiene ahora mismo todo el mundo. Yo siempre llevo dos bolsas de tela en la mochila y en todos los bolsos que uso habitualmente siempre hay dentro un par de tote bags, tanto yo como mi marido.

Ahí te aseguras que, aunque se te olvide algo y digas: “necesito comprar cuatro cosas”, ya no utilices la bolsa de plástico.

Es súper fácil de hacer y la recompensa que te da la satisfacción de decir: “ostras, hoy podría haber utilizado una bolsa de plástico y no la he utilizado porque tengo la mía propia”, creo que te da pie a empezar a hacer otros cambios.

 

Muchas gracias Eirene por compartir vuestra experiencia con nosotras.

¿Qué te ha parecido la vida sin plástico de Eirene y Pere?, ¿nos cuentas qué opinas (de manera respetuosa y sin juicios) en comentarios?

 

P.D: ¿Te gustaría participar contándonos cómo reduces el plástico en tu hogar? Buscamos hogares de todo tipo: unipersonales, homoparentales, monoparentales, numerosos, en el pueblo, en la ciudad, compañeros y compañeras de piso, personas mayores… ¡incluso nómadas!

Queremos contar tu historia, así que si te interesa participar, envíanos un correo a info@sinplastico.com con el asunto “Hogares sin plástico” y nos pondremos en contacto contigo.