Hoy día, ya nadie duda de que el modelo de consumo en el que vivimos no es sostenible. Por ello, para asegurar un futuro digno y justo a las futuras generaciones, tenemos que comprometernos a cambiar nuestros hábitos de compra.

Una manera de conseguir un consumo más respetuoso con el planeta y con las personas, es la de elegir vivir sin plástico -o al menos con mucho menos-, ya que reducir nuestro consumo de plástico:

1- Nos obliga a pensar dónde y cómo vamos a comprar. Esta compra meditada, que sustituye a la compra espontanea -menos responsable-, nos ayudará a consumir mucho menos y mejor.

2- Nos permite comprar productos más sanos y por lo tanto mejorar nuestra salud y la de nuestra familia. Es una buena manera de elegir alimentos frescos y a granel, de producción cercana, libres de conservantes, aditivos, potenciadores de sabor, azucares añadidos, sal, etc..

3- Nos ayuda a resistir el marketing de las marcas. Como ya sabéis, y notáis cada día, una gran parte del atractivo de los productos está en el envase. Si buscamos productos sin envase, nos aseguramos de comprar lo que necesitamos basándonos en las cualidades del producto y no en su “bonito” embalaje.

4- Nos permite reducir nuestro consumo en general. Diremos adiós a la ropa sintética y barata, a los productos de usar y tirar, o a todo tipo de gadgets inútiles.

5- Y además, es una gran manera de transmitir a las grandes corporaciones que los envases de los productos que venden son su responsabilidad y no la del consumidor. Comprar es votar, y si los consumidores rechazamos el uso excesivo de envases -la mayoría de plástico-, las empresas tendrán que cambiar su manera de diseñar y comercializar sus productos.