Están por todas partes. Nos han invadido y colonizado. No hay supermercado que se precie que no nos sirva productos frescos tales como carne, pescado, fruta y, alimentos listos para ser cocinados en bandejas de poliestireno.

Y todo en aras de la higiene y el ahorro de tiempo. Pero las “comodidades” que nos aportan los estirenos no nos salen gratis. Además del daño que están causando al medio ambiente, es más que probable que nos estén pasando una factura grave en términos de salud.

¿Qué es el poliestireno?

El poliestireno es un plástico, derivado del petróleo, que solemos ver fundamentalmente de dos maneras: sólido o con forma de espuma. El primero lo encontramos en objetos de un solo uso como son los cubiertos y platos de usar y tirar, los estuches de CDs o los recipientes de muchos yogures.

El poliestireno con aspecto de espuma se fabrica expandido (EPS) o extruido (XPS). El primero tiene un aspecto característico con estructura de perlas o bolitas, generalmente blancas, y es conocido como poliespán o porexpán. El segundo, más denso, es el que encontramos, por ejemplo, en aislamientos térmicos. Ambos son usados para fabricar bandejas de comida y vajilla desechable.

¿Cuáles son los peligros de este material?

  1. Es un producto cuyos químicos (secretos en buena parte) migran y se mezclan con nuestros alimentos. Aunque la industria defiende que esta migración cumple los límites de la legislación, ésta es muy laxa y no tiene en cuenta la acumulación de químicos que sufrimos con el resto de envases plásticos.
  2. Uno de sus componentes es el estireno que en el cuerpo humano se convierte principalmente en óxido de estireno-7,8, que afecta al sistema endocrino, al cerebro y al sistema nervioso y que aumenta la mortalidad fetal.
  3. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha clasificado el óxido de estireno como sustancia que puede producir cancer.
  4. Suponen un consumo desorbitado de recursos naturales y generan residuos de forma insostenible. Al ser un producto de usar y tirar, llenan antes de tiempo nuestros cubos de basura después de una vida útil muy corta.
  5. No son biodegradables y aunque, técnicamente, son reciclables, en la práctica, debido a su baja densidad y peso, no se reciclan por su baja rentabilidad económica. Hoy día se mezclan con otros plásticos o se queman en lo que eufemísticamente se llama “recuperación energética”.
  6. Por último, constituyen un peligro para los animales marinos que los ingieren al confundirlos con comida ya que flotan en el agua.

¿Qué podemos hacer?

Evitar el uso de estas bandejas de usar y tirar es más fácil de lo que parece. Compra a granel en mercados y tiendas locales llevando tus propias bolsas y recipientes. Además de ahorrar tiempo y dinero, generaremos riqueza a nivel local y daremos vida a nuestros pueblos y ciudades.